El Barrio: el nacimiento de la música latina en Nueva York
Entre 1919 y la Segunda Guerra Mundial, puertorriqueños y cubanos convirtieron East Harlem en el centro de la música latina de Nueva York. Allí se tocaba en fiestas caseras, salones de baile y trastiendas de discos, mientras la radio en inglés los ignoraba. Este capítulo cuenta cómo era aquel mundo antes de que el Palladium lo cambiara todo.
Equipo mambero.es · 8 min de lectura · actualizado el
Capítulo 1 de 19ver todos
- El Barrio es East Harlem: de la calle 96 a la 125, entre la Quinta Avenida y el East River.
- Desde 1917 los puertorriqueños eran ciudadanos estadounidenses; los cubanos solo podían quedarse 29 días.
- El 26 de abril de 1930 Don Azpiazú y Antonio Machín estrenaron «El manisero» en el RKO Theater de Broadway.
- En las fiestas de alquiler se pagaban 25 centavos de entrada y los músicos cobraban de la comida y la cerveza.
- Seeco Records nació en 1943 en una tienda de la Quinta Avenida y fue el sello latino más vendido hasta principios de los cincuenta.
Por qué vinieron
En 1917 los puertorriqueños obtuvieron la ciudadanía estadounidense. Dos años después, en 1919, empezaron a llegar a Nueva York en pequeño número. Huían de las enfermedades tropicales y buscaban vivir mejor.

Los afrocubanos se iban por otra razón: la discriminación. Las empresas estadounidenses compraban negocios y hoteles en Cuba y contrataban sobre todo a americanos. Una ley cubana obligó a emplear a cubanos, pero los negros siguieron fuera. Los hoteles solo querían mulatos que pudieran pasar por blancos.
Muchos músicos negros con formación clásica vivían de acompañar el cine mudo. En 1928 llegó a Cuba la primera película sonora, «The Jazz Singer», y vieron que ese trabajo se acababa. Vicente Sigler, Nilo Menéndez, Alberto Iznaga, Alberto Socarrás y René Edreira se fueron a vivir al West Harlem, junto a la comunidad afroamericana.
Los puertorriqueños se asentaron en East HarlemEl BarrioEast Harlem, en Manhattan, entre las calles 96 y 125: el barrio de los puertorriqueños de Nueva York desde 1919 y la cuna de su música latina.ver más en el glosario →, entonces un barrio sobre todo judío. Según Victoria Hernández, hermana del compositor Rafael Hernández, a algunos los contrataban como encargados de edificio y alquilaban las habitaciones libres a sus paisanos. Una bodega se convirtió pronto en el lugar donde se compartían las noticias de la isla.
Las primeras notas
Nadie se pone de acuerdo en quién tocó primero. Victoria Hernández decía que fue su hermano, en 1919, con un trío en una fiesta privada. El promotor Federico Pagani, llegado de Puerto Rico en 1925, daba el honor a la orquesta del cubano Vicente Sigler, en 1926.
Sigler organizaba bailes mensuales en hoteles de Midtown como el Astor o el Waldorf-Astoria. Sus anuncios dejaban claro que solo entraban personas de supuesto origen español blanco. Tocaba arreglos comprados, como «Amapola». Por su banda pasaron Augusto Coen, Alberto Socarrás, Nilo Menéndez, Alberto Iznaga y Mario Bauzá.
El gran salto llegó la tarde del 26 de abril de 1930. En el RKO Theater de Broadway, Don Azpiazú presentó «El manisero», de Moisés Simons. Su cantante, Antonio Machín, salía de detrás del telón pregonando y lanzando cacahuetes al público. RCA Victor lo grabó el 13 de mayo y el disco salió siete meses después. Para Salazar, ahí nace la música latina bailable popular en Nueva York.
El billar de los músicos
A principios de los treinta casi nadie vivía solo de la música. Los músicos trabajaban en fábricas, pintaban casas o fregaban platos. Al salir corrían a El Billar de los Músicos, un salón de billar en la calle 113 con Madison Avenue.
Funcionaba como agencia de empleo. En una pizarra grande se apuntaban con tiza los nombres y los instrumentos; si al lado ponía «engaged», ese músico estaba ocupado. En un tablón había fichas con los trabajos: un trío, un cantante, un trompetista, y a quién llamar.
Era un mundo de apodos: Conejo, Lobo, Pajarito, Chino, Indio. A veces los compañeros conocían el nombre real de alguien el día de su entierro. Hasta principios de los cuarenta, a algunos músicos se les despedía tocando por las calles de East Harlem, como en Nueva Orleans.
Entre cubanos y puertorriqueños hubo roces. Competían por vivienda y trabajo, y los cubanos no podían quedarse más de 29 días sin arriesgarse a la deportación. Las cosas mejoraron hacia 1941, y en el barrio se decía que ayudó la boda del cubano Machito con la puertorriqueña Hilda Torres. En las orquestas, en cambio, se mezclaban: la de Machito tenía músicos puertorriqueños y la de Noro Morales, cubanos.
Fiestas de alquiler y fiestas caseras
Las familias pobres celebraban bodas, bautizos y cumpleaños en casa, con pernil, arroz con gandules y cerveza de barril en el fregadero. La música era imprescindible: el son, el danzónDanzónEl baile de salón cubano nacido en Matanzas en 1879.ver más en el glosario →, la bomba o el aguinaldo recordaban las dos islas.
Los parados organizaban bailes en sus pisos para pagar el alquiler y la comida. La entrada costaba 25 centavos. A los músicos se les pagaba con lo que se sacaba vendiendo cerveza, maní, pastelillos y alcapurrias.
Cuando no había músicos, había discos. Se escuchaban en Victrolas sin electricidad, con bocina y manivela: si no le dabas cuerda tras cada disco, sonaba lento. Las agujas se vendían a 25 por 5 centavos y había que cambiarlas cada dos escuchas.
Los salones de East Harlem y el Bronx
En 1934 un rico banquero de lotería ilegal, Marcial Flores, abrió el Club Cubanacán, en la calle 114 con Lenox Avenue. La orquesta de la casa era la de Alberto Socarrás. Meses después Flores alquiló un teatro cerrado de la calle 116, lo llamó El Campo Amor y llenó con Carlos Gardel en persona.

En 1939 un domingo típico empezaba en el Savoy Ballroom, donde por 35 centavos se bailaba jitterbug de 3 a 7 de la tarde. Después, el mismo público subía al Park Palace, en la calle 110 con la Quinta Avenida. Allí, hasta la una de la madrugada, se bailaba rumba, guaracha, pasodoble, bolero, son y danzón. Las luces no se bajaban nunca: era una cuestión de moralidad.
| Salón o club | Dónde |
|---|---|
| Park Palace y Park Plaza | Calle 110 con Quinta Avenida |
| Club Cubanacán | Calle 114 con Lenox Avenue |
| El Campo Amor | Calle 116 con Quinta Avenida |
| Golden Casino | Debajo del Park Palace |
| Odd Fellows Temple, Borinquen Hall, Club Ponceño | Spanish Harlem |
| Hunts Point Palace | El Bronx |
Al empezar los cuarenta, la música latina seguía encerrada en los barrios hispanos. Los clubes del centro eran de dueños no hispanos, y solo la orquesta de Xavier Cugat tenía plaza fija en el Waldorf-Astoria.
La radio y los discos en guerra
ASCAP y BMI
Las emisoras en inglés no ponían música en español: decían que no había mercado. En 1937 la revista «Variety» usó por primera vez la expresión «disc jockey».
En 1940 las cadenas de radio se pelearon con ASCAP, la sociedad de autores, por sus tarifas. Desde el 1 de enero de 1941 dejaron de emitir su repertorio. Para tener música propia crearon BMI, que contrató material latino y puso rumbas y congasCongaEl tambor alto de una sola membrana que se toca con las manos.ver más en el glosario → de Cugat en emisoras de todo el país. El editor Ralph Peer, que había comprado derechos de canciones por todo el Caribe, vendió a BMI su catálogo.
El veto de Petrillo y Seeco
En 1942 James Petrillo, presidente del sindicato de músicos, prohibió grabar hasta que las discográficas pagaran por los discos que sonaban en gramolas y radios. Justo antes, la orquesta de Machito grabó dos docenas de temas con Miguelito Valdés. El veto duró hasta octubre de 1944. Mientras, algunos grababan de madrugada y con las puertas cerradas, por si aparecía un delegado del sindicato.
En 1943 escaseaba la goma laca de los discos. Lo poco que había iba a RCA, Columbia y Decca para el pop americano, y las grandes cancelaron contratos de orquestas latinas. Ese año Sidney Siegel, dueño de Casa Siegel, una tienda de la Quinta Avenida cerca de la calle 115, fundó Seeco Records.
Seeco fichó a artistas abandonados por las grandes: Pedro Marcano, Miguel Matamoros, el Trío Los Panchos. Los discos salían tres semanas después de grabarse y nunca se pagó promoción: los locutores recogían copias gratis. Acabó siendo casi toda cubana, porque era lo que más vendía; su principal mercado era Puerto Rico. Los títulos se inventaban sobre la marcha: «Stop 21», de Noro Morales, se llama así por la parada de Santurce junto a la que había nacido el autor de la melodía.
Hacia el Palladium
En diciembre de 1940 Machito ensayó por primera vez su orquesta en el Park Palace, con Mario Bauzá de director musical. En 1943 Bauzá compuso «Tanga», que para Salazar abre la era del jazz afrocubano.
Salazar ordena así lo esencial. El hecho más importante de la música bailable cubana es el danzón-mambo, creado en 1938 por Orestes e Israel «Cachao» López en la charangaCharangaLa orquesta cubana de flauta, violines, piano, bajo y percusión, heredera de la orquesta típica del danzón.ver más en el glosario → de Arcaño. Y el tercero es la conversión de una academia de baile de la calle 53 con Broadway, la Dreamland Dancing Academy o Alma Dance Studios, en el Palladium BallroomPalladiumLa sala de baile de Broadway con la calle 53, en Nueva York, que entre 1948 y 1966 fue la casa del mambo, con las orquestas de Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez.ver más en el glosario →. La fecha que da el libro no se lee con claridad y no coincide con la de otras fuentes, así que aquí no la ponemos.
Allí explotó el mambo. Pero el libro termina el capítulo con una idea que conviene no olvidar: la salsa tiene sus raíces en el Palladium, en Cuba y, sobre todo, en Spanish Harlem.
Para quien baila on2On2La salsa en línea en la que el paso que cambia de dirección, el break, cae en los tiempos 2 y 6 del compás, con la conga y la campana.ver más en el glosario → hoy, este es el principio de la historia. Antes de las grandes orquestas y de la pista del Palladium hubo pisos con la entrada a 25 centavos, salones con la luz encendida y un billar donde se buscaba trabajo con tiza. El baile social que conocemos viene de ahí.