el palladium1950–1957

El rey del mambo: la década de Tito Puente

Entre 1950 y 1957 el mambo vivió su momento de mayor éxito en Estados Unidos, y Puente fue su rey. Grabó sin parar, amplió su banda a big band, recorrió el país y se atrevió con discos solo de percusión. Fue también la década en que su música se separó del mambo comercial de Pérez Prado.

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datos clave
  • En 1951 Tico publicó, según McNeese, 37 sencillos suyos.
  • Mongo Santamaría y Willie Bobo formaron su sección de percusión hasta 1957.
  • En 1954 recorrió Estados Unidos con la gira «Mambo-Rhumba Festival».
  • «Puente in Percussion» (1955) se grabó solo con tambores y bajo.
  • Con RCA publicó «Cuban Carnival» y «Puente Goes Jazz» en 1956.
  • En 1957 fue el único no cubano homenajeado por Cuba entre sus grandes músicos.

La fiebre del mambo

Entre 1950 y 1955 la música latina tuvo en Estados Unidos su mayor éxito comercial del siglo. El ritmo de esa fiebre era el mambo. En 1954 la revista Down Beat escribía que una academia de baile sin clase de mambo era impensable. Las listas de discos para bailar estaban llenas de mambos.

Había dos maneras de entenderlo. Una era el mambo comercial, más simple, de Xavier Cugat y Pérez Prado. La otra era el mambo afrocubano de Nueva York, el de Machito, Puente y Tito Rodríguez, más cercano al jazz y a la tradición cubana. Este segundo es el que se bailaba en el PalladiumPalladiumLa sala de baile de Broadway con la calle 53, en Nueva York, que entre 1948 y 1966 fue la casa del mambo, con las orquestas de Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez.ver más en el glosario →.

Pérez Prado, el otro rey

Dámaso Pérez Prado nació en Matanzas, Cuba, en 1916. Se instaló en México y allí, en 1949, grabó «Mambo nº 5». Con «Qué rico el mambo» y «Mambo jambo» se hizo famoso en todo el continente, y en 1951 llenó salas en Los Ángeles y San Francisco.

Pérez Prado, con traje, sentado al piano
Dámaso Pérez Prado, «el Rey del Mambo», trabajando al piano, febrero de 1954. Foto: Autor desconocido · Dominio público

En Nueva York no lo recibieron igual. El público latino de la ciudad, acostumbrado a Machito, Curbelo, Puente y Rodríguez, encontró su mambo demasiado simple y demasiado cargado de metales. La crítica de diluir el ritmo para el público no latino nunca alcanzó a Puente, que tocaba en el centro de todo: el Palladium.

Si quieres la historia completa de Prado y de cómo el mambo pasó de Cuba a México y al mundo, la tienes en nuestra historia del mambo.

La gira de 1954

En 1954 la agencia Mercury Artists montó una gira por más de cincuenta ciudades de costa a costa: el «Mambo-Rhumba Festival». Iban Puente, Pupi Campo, el quinteto de Joe Loco, el cantante Miguelito Valdés y una pareja de bailarines de exhibición. Era la prueba de que el mambo ya era un fenómeno nacional.

De los tres grandesBig ThreeLas tres orquestas que reinaban en el Palladium en los años cincuenta: Machito y sus Afro-Cubans, Tito Puente y Tito Rodríguez.ir al glosario →, Puente era el mejor preparado para liderar. Dominaba los timbalesTimbalesDos tambores metálicos sobre un soporte, con cencerros y platillo, que se tocan con baquetas.ver más en el glosario →, tocaba el vibráfonoVibráfonoInstrumento de láminas metálicas con resonadores que suena como un xilófono con eco.ver más en el glosario → como nadie en la música latina y experimentaba sin parar como arreglista. Por eso se le empezó a llamar «el rey del mambo».

La big band y la mejor percusión

En 1951 Puente añadió secciones de saxos y trombones a su banda y la convirtió en una big bandBig bandLa orquesta grande del jazz de los años treinta y cuarenta, con secciones de trompetas, trombones y saxos.ver más en el glosario →. Ese año sacó también su primer álbum, «Tito Puente and Friends», una recopilación de sus 78. Y fichó a dos percusionistas que iban a hacer historia: el conguero Mongo Santamaría y el bongosero Willie Bobo.

Sala de museo con unos timbales decorados, un traje blanco y fotografías de Tito Puente
Los timbales de Tito Puente expuestos en el Musical Instrument Museum de Phoenix (2017). Foto: Marine 69-71 · CC BY-SA 4.0

Los dos se quedaron hasta 1957, cuando se fueron con el vibrafonista Cal Tjader. Después dirigieron sus propias bandas y abrieron camino al latin jazz de los sesenta. Con Puente formaron quizá la mejor sección de percusión de la década.

«Puente in Percussion» y la santería

En 1955 Puente propuso a Goldner un disco sin piano y sin metales: solo tambores y bajo. Goldner no lo veía. Puente le explicó que en África el tambor servía para comunicarse y para los rituales, y que esa tradición había cruzado a Cuba. Goldner aceptó con una condición: grabar de madrugada, cuando el estudio era más barato.

Con Mongo, Willie Bobo y Carlos «Patato» Valdés grabaron casi todo en una o dos tomas. «Puente in Percussion» vendió bien y abrió la puerta a los discos de percusión en los sellos latinos. Detrás había un interés de Puente por la santería, la religión afrocubana de origen yoruba cuyos toques de tambor están en la raíz de la música cubana.

En 1957 repitió la idea con «Top Percussion», con cantos lucumí de la santería. Incluía «Ti Mon Bo», un juego con las primeras sílabas de Tito, Mongo y Bobo. Para muchos compradores fue su primer contacto con esa relación entre religión y ritmo.

RCA: «Cuban Carnival» y «Puente Goes Jazz»

A mediados de la década Puente firmó con RCA Victor. El comienzo fue tenso: la discográfica apostaba por Pérez Prado y le tuvo meses esperando. Puente se plantó en las oficinas a protestar, y desde entonces allí le llamaban «Little Caesar».

En 1956 RCA publicó «Cuban Carnival», con el conguero Cándido Camero. De ahí salieron «Pa' los rumberos», «Elegua Chango», un tema dedicado al orisha del trueno, y «Cuban Fantasy». Pocos meses después llegó «Puente Goes Jazz», con versiones latinas de temas de jazz, que según McNeese vendió 28.000 copias en dos semanas.

Algunos le acusaban de abandonar sus raíces por el jazz. Puente contestaba con una broma: él no se pasaba al jazz, volvía de él. En 1957 siguió con «Night Beat», con el trompetista Doc Severinsen.

«Pa' los rumberos», de «Cuban Carnival». El subtítulo del tema en el disco lo dice todo: era música para los que bailan. Vídeo de Tito Puente en YouTube.

El homenaje de Cuba

En 1957 el gobierno cubano celebró cincuenta años de música grabada y homenajeó a sus grandes figuras vivas. Puente no estaba invitado. Se quejó a Mario Bauzá, que insistió en incluirle, y la invitación llegó tarde desde La Habana. Fue el único homenajeado que no era cubano.

AñoDiscoPor qué importa
1951Tito Puente and FriendsSu primer álbum, una recopilación de 78.
1955Puente in PercussionSolo tambores y bajo: una idea que nadie había grabado así.
1956Cuban Carnival«Pa' los rumberos» y «Cuban Fantasy», con Cándido Camero.
1956Puente Goes JazzEl puente entre la big band latina y el jazz.
1957Night BeatArreglos muy jazzísticos, con Doc Severinsen.
1957Top PercussionToques y cantos de santería, y «Ti Mon Bo».

Lo que cuenta Max Salazar

Max Salazar sitúa en 1952, y no en 1951, la famosa tanda de 37 grabaciones: muchas eran arreglos que llegaban de La Habana y que Puente retocaba, y boleros del cubano José Antonio Méndez. Con ellas, dice, fue el número uno de la música latina hasta que la pachangaPachangaEl ritmo de charanga, alegre y con saltitos, que hizo furor en Nueva York hacia 1960 y 1961.ver más en el glosario → coronó en 1961 a Charlie Palmieri y Johnny Pacheco.

El libro cuenta también los cambios en la orquesta. Chino Pozo se fue en 1951 y entró Manny Oquendo; en 1952 Charlie Palmieri sustituyó a Gil López, llamado a la guerra de Corea, y después Mongo Santamaría ocupó el sitio de Frankie Colón. Willie Bobo entró luego en lugar de Oquendo. En 1953 Vicentico Valdés se marchó por un cartel, y Puente estuvo casi un año sin cantante: decía que el chachacháChachacháEl ritmo más lento y marcado que creó Enrique Jorrín con la Orquesta América a principios de los cincuenta y que a mediados de esa década le quitó la pista al mambo.ir al glosario → no lo necesitaba, y los coros los hacían él y Bobo. «Mambo diablo», según el trompetista Gene Rapetti, lo compuso al piano en cinco minutos para completar una sesión.