Breve historia del mambo: de La Habana al Palladium
Del danzón de Arcaño y Cachao a las big bands de Pérez Prado y Tito Puente. Cómo un ritmo cubano conquistó Nueva York y dio origen a la salsa que bailamos hoy.
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La palabra mambo aparece a finales de los años 30 en Cuba, dentro del danzón. Los hermanos Orestes e Israel «Cachao» López, con la orquesta de Antonio Arcaño, añaden al final del danzón una sección sincopada y abierta a la improvisación: el «nuevo ritmo». Esa sección es el germen de todo.
Pérez Prado y el mambo de big band
Dámaso Pérez Prado lleva la idea a México y la convierte en un fenómeno de masas: metales agresivos, saxos en riff, gritos y un tempo rápido pensado para el escenario. «Mambo nº 5» y «Qué rico el mambo» suenan en toda América a principios de los 50.
Nueva York: el Palladium Ballroom
En Nueva York, el Palladium (Broadway con la 53) se convierte en el templo del mambo. Machito y sus Afro-Cubans, Tito Puente y Tito Rodríguez —los «tres grandes»— tocan para un público mezclado de puertorriqueños, cubanos, judíos, italianos y afroamericanos. Allí nace también una forma de bailar: la que hoy llamamos mambo o salsa on2.
El Palladium era el único sitio de la ciudad donde todo el mundo bailaba junto. Lo que unía era la clave.
De mambo a salsa
Con la Fania en los 70 el sonido se etiqueta como salsa, pero el vocabulario del baile de Nueva York (el break en el 2, los shines, el trabajo de pareja lineal) viene directamente del Palladium. Cuando Eddie Torres codifica el «on2» en los 80 y 90, está dando nombre a lo que ya se bailaba tres décadas antes.
- 1938: Arcaño y sus Maravillas estrenan el «nuevo ritmo» de Cachao.
- 1949: Pérez Prado graba «Mambo nº 5» en México.
- 1948–1966: era dorada del Palladium Ballroom.
- Años 80: Eddie Torres sistematiza la técnica del mambo on2.